ES UN BLOG DEDICADO al niño que cada uno llevamos como compañero inseparable. Habrá cuentos, poemas y noticias. Si me quieren escribir pueden hacerlo a norabalarino@gmail.com
lunes, 6 de septiembre de 2010
LOS DIBUJOS DE ALFENIQUE
ALFENIQUE NO ES UN CARAMELO
domingo, 29 de agosto de 2010
LA BRUJA MECHUDA SE CORTÓ EL PELO
Estaba Mechuda muy confianzuda hurgando en mi biblioteca y ¡ZÁS!, descubrió la tijera que me olvidé sobre un estante:
Se acomodó en el suelo y con mucha habilidad¡SE CORTÓ LAS MECHAS QUE ERAN LARGAS COMO LOS TALLARINES DE MI ABUELA! y se dejó tan cortito que parece un cepillo de cerda muy dura.
-¡EN PENITENCIA, MECHUDA!-, le dije cuando la vi.
Con la cabezota agachada y un HERMOSO LIBRO DE HISTORIAS de otro estante se acurrucó debajo de mi cama y leyó hasta el amanecer.
HASTA LUEGO, CHICOS.
Se acomodó en el suelo y con mucha habilidad¡SE CORTÓ LAS MECHAS QUE ERAN LARGAS COMO LOS TALLARINES DE MI ABUELA! y se dejó tan cortito que parece un cepillo de cerda muy dura.
-¡EN PENITENCIA, MECHUDA!-, le dije cuando la vi.
Con la cabezota agachada y un HERMOSO LIBRO DE HISTORIAS de otro estante se acurrucó debajo de mi cama y leyó hasta el amanecer.
HASTA LUEGO, CHICOS.
jueves, 5 de agosto de 2010
¿ALFENIQUE ESTÁS AHÍ?
CHICOS: ¿ALFENIQUE ESTÁS AHÍ? es el nombre del nuevo libro que después de un tiempo nacerá para ustedes y para todos.
Hay cuentos nuevos y dibujos de brujas para pintar. Ahora me voy a buscar a Alfenique a la escuela así vamos a lo de Rolando que dibuja las ilustraciones.
UN ABRAZO GRANDE LES MANDAN TODOS LOS PERSONAJES QUE ENCONTRARÁN ALLÍ:
LA BRUJA MECHUDA, LA BRUJA POMPONA MASQUEBUENA, LA BRUJA MAZAPÁN, EL FANTASMA PABLO CAPELINA Y POR SUPUESTO
ALFENIQUE
Hay cuentos nuevos y dibujos de brujas para pintar. Ahora me voy a buscar a Alfenique a la escuela así vamos a lo de Rolando que dibuja las ilustraciones.
UN ABRAZO GRANDE LES MANDAN TODOS LOS PERSONAJES QUE ENCONTRARÁN ALLÍ:
LA BRUJA MECHUDA, LA BRUJA POMPONA MASQUEBUENA, LA BRUJA MAZAPÁN, EL FANTASMA PABLO CAPELINA Y POR SUPUESTO
ALFENIQUE
lunes, 19 de julio de 2010
FELICES VACACIONES CHICOS

Para disfrutar el tiempo libre con los cuentos de ALFENIQUE aquí va uno:
La calabaza, la papa y el gato
El martes a la tarde, Alfenique no tuvo clase porque la Señorita Margarita estaba enferma, entonces, bajó del pino y fue al patio de la casa de Julieta.
-¡Hola, hola!-, llamó varias veces. Como ella no le contestó pensó que habría salido.
-Qué raro, no ladró Gervasio -, se dijo Alfenique.
El fantasma, se recostó a tomar sol contra una maceta colorida y de paso miró a su alrededor:
Un gato grandote dormía hecho un ovillo sobre una manta a cuadros; una mosca volaba alrededor de la cola que, de vez en cuando se levantaba; desde la jaula, un pajarito chillaba tanto que Alfenique le preguntó:
-¿Qué decís?, yo no te entiendo-, y caminó hacia él para verlo de cerca.
Pero en el trayecto se detuvo porque descubrió que la bolsa de arpillera se movía. Esperó quieto y escuchó:
-Uaaa, uaaa, uaaa-, bostezaba una enorme calabaza mientras salía muy lentamente a causa de sus piernas cortas.
Con el ruido, se despertó el gato Mulato. Abrió un ojo, miró de reojo y se quejó:
-¿Por qué no seguís durmiendo, en vez de abrir tanto la bocota, calabazota?
-¡Zás!, ya empezaste a molestar, nada de lo que hago te gusta-, rezongó la calabaza y fue hacia las macetas. Se paró en puntas de pie y quiso ver si la tierra estaba húmeda.
Mulato que la observaba ahora más despierto, alzó el lomo oscuro y ronroneó:
-Esta mañana las regó el padre de Julieta ¿no lo viste?, calabaza distraída.
-No, señorito sabetelotodo-, contestó ella dándose vuelta un poco molesta.
Riéndose a carcajadas el gato corrigió:
-¡Ja, ja, se dice sabelotodo, calabaza dulce como la melaza!
-¡Basta, basta, no me pelees más!-, gritó tan fuerte ella que asustó al fantasma.
Esta vez Alfenique no corrió a esconderse pero perfumó el patio con aroma a bizcochuelo de vainilla.
-¡Qué rico olor! ¿Te bañaste en perfume?-, le preguntó la calabaza y empezó a bailar girando alrededor de él que se quedó como una estatua.
Dio tantas pero tantas vueltas la calabaza que se mareó y tropezó con el pie de Alfenique.
-¡Ay, ay ay me duele, me duele-, lloriqueaba sin dejar de mirar al fantasma. Y de pronto se dio cuenta que no lo había visto antes, entonces le preguntó asombradísima:
-¡Oia! ¿Vos sos un juguete nuevo con olor o un gato distinto?
-Soy un amigo de Julieta-, respondió Alfenique.
-¡Ah entonces sos de los nuestros!¡Muchísimo gusto, encantada-, y le extendió la mano.
Mulato no los dejó terminar de saludarse, aterrizó de un salto y empezó a pasar su lengua por la cara del fantasma.
-¡Basta-, ordenó la calabaza y empujó al gato.-¡Dejalo tranquilo! ¿te creés que es un helado?¡Qué falta de respeto!
En ese momento llegó la papa que venía de la bolsa y saludó:
-¡Hola a todos!
Mulato no contestó y se fue a tomar la leche malhumorado.
La calabaza, muy educada, hizo las presentaciones:
-Él, es un gato rezongón pero bueno-señaló con su dedo índice- ella, es la Señorita Papa y yo soy Calabaza, ¿vos cómo te llamás?
-Alfenique-, contestó el fantasma cada vez más sorprendido y contento.
-¿Alfeñico, querés jugar con nosotros? – preguntó la Calabaza.
-Alfenique-, repitió él un poco más fuerte.
-Eso, eso. Algunas palabras me dan trabajo-, se disculpó ella.
-¡Distraída, distraída!-, se burló el gato Mulato que alisaba la manta para dormir otra siesta.
-No le contestes-, aconsejó la Señorita Papa bastante mandona, y agregó:
-Agachate que te doy un beso, Alfenique.
El fantasma la saludó confiado. Hasta el momento ninguno de ellos había intentado espantarlo. ¡Eran muy divertidos!
-¿Vamos a la terraza?-, propuso la Señorita Papa.
-¡Vamos!-, exclamaron al mismo tiempo Alfenique y Calabaza.
-¿Alfenique, chiquito como un meñique, no querés quedarte conmigo?-, gruñó Mulato moviendo la cola para espantar a la mosca.
-¡Qué malos modales!, ¡No molestes más, qué barbaridad!-, gritaron al unísono la Señorita Papa y Calabaza mientras se iban con el fantasma a la terraza.
Cuando estaban apenas por el tercer escalón la señorita Papa se quejó:
-¡Qué trabajo me da ésto, uy,uy!
-¿Por qué vos subís con saltitos, Alfenique?-, preguntó Calabaza secándose las gotas de su frente porque también a ella le costaba mucho esfuerzo.
-Y será porque soy fantasma, no sé-, dudó él.
-¡Ah! ¡mirá qué bueno es ser fantasma para subir esta escalera tan empina a a a a Ayyyyyyy-, ¡y se vino rodando la pobre Calabaza!
-¡Uy, nena, nena, cuidaaaaado!-, gritó la papa que por tratar de sostener a la calabaza también empezó a caer golpeándose por todos lados.
Alfenique no sabía cómo ayudar. ¡Quiso pararlas y no pudo!.
Entonces ¡menos mal!, Mulato pegó un salto y se paró al pie de la escalera.
-¡Ah, ah qué barbaridad!-, gritaban las dos que por suerte no se lastimaron más porque el cuerpo carnoso del gato las detuvo.
Tanto la calabaza como la papa quedaron patas para arriba en el suelo.
-¡Me resbalé, ay ay, qué dolor!-, gritó la Señorita Papa tratando de enderezarse despacio.
-¡No, te tropezaste!-, corrigió Calabaza una vez que se pudo sentar.
-¡No, me resbalé, te dije!-, insistió la señorita Papa.
-¡Baaaaasta de discutir, atropelladas! ¡Hay que tener más cuidado! -, se impuso Mulato zarandeando la cola.
-¡Ay sí, suerte que nos salvaste, gatito, ay si no hubiera sido por vos!-, lloriqueó Calabaza, miró a la Señorita Papa y ordenó muy mandona:
-Dale las gracias.
-¡Dáselas vos!- gritó la otra enojada.
Mulato movió el bigote, las miró serio y se fue a su manta rezongando.
Alfenique, repuesto del susto, se empezó a reír de la nueva pelea y le dieron ganas de contarle todo a su hermana.
Se despidieron con besos y abrazos menos el gato que, por supuesto, ya había empezado a roncar.
martes, 22 de junio de 2010
DANTE VOLVIÓ CON ALFENIQUE
MI QUERIDO SOBRINO DANTE que ahora tiene seis años ha descubierto, nuevamente, las historias de ALFENIQUE, con un brillo distinto.
Todas las noches su mamá lee nuevamente todos los cuentos que él pide con entusiasmo.
Aquí va otra de las historias:
Alfenique y su amiga Julieta conversan en el jardín.
-Hola, Alfenique -, saludó Julieta mientras cargaba la carpeta de dibujo y la mochila que le había regalado su tía.
-Hola Julieta, ¿viste qué lindo está el árbol de tilo? Se llenó de hojas otra vez-, dijo Alfenique sentado a caballito sobre la rama baja del cedro.
-Sí, en el invierno tenía palitos secos y ahora rebalsa de hojas muy pero muy verdes -, agregó Julieta desparramando los crayones sobre la mesa del jardín.
-¿Por qué será?
-Alfenique, al sol le volvió la o que se había ido en otoño y entonces le vinieron las fuerzas como a un ogro pero bueno y por eso los colores se hacen más más... despiertos, sí, colores más despiertos, hojas nuevas, me crece el pelo, dijo mi mamá...-, se esforzó Julieta.
-Y flores, Juli, ¿viste? y el aire cambió el olor y ya no te sale humo de la nariz a la mañana-, dijo el fantasma atento a la conversación.
-Y después van a venir las vacaciones, ¿sabés que me voy a Córdoba con mi abuela Telma?
-Qué lindo te voy a extrañar, ¿es lejos Córdoba?-, preguntó afligido el fantasma y voló a sentarse bien cerca de su amiga.
-Sí, muy muy muymuymuy lejos. ¿Querés que te escriba una carta con todo lo de allá? ¿Cómo se mandan las cartas los fantasmas?
-Es facilísimo se la das al cartero fantasma, ellos siempre pasan a la tardecita por la plaza-, explicó Alfenique orgulloso.
-¿Y si hay más de una plaza, a cuál voy?-, dudó Julieta arrugando la frente.
-A cualquiera porque los fantasmas carteros son caminadores, pasan por todas-, se hamacó Alfenique en la rama.
-¡Cómo sabés!, ¿quién te enseñó todo eso?-, se asombró ella.
-Mi mamá cuando le mostré la carta que vos me regalaste el otro día-y Alfenique se bajó del cedro y acarició la hoja blanca que Julieta había preparado para dibujar.
-Mmm, la dejaste perfumada, bizcochuelo de vainilla, mmm tenés más olorcito que otras veces ¿no te bañaste? -, se divirtió Julieta tratando de que su amigo se enojara un poco.
-Sí, nena, esta mañana me mojé todo con la lluvia, estoy limpito, limpísimo, nena-, le contestó Alfenique oliéndose las manos, preocupado.
-Tanta charla y nunca me decís lo del perfume a bizcochuelo de vainilla dale, contame ahora así dibujo-, insistió Julieta compradora.
-Ufa, ¿ahora?-, se quejó Alfenique refregándose los ojos.
-Sí ahora, ¿qué, tenés sueño? Dale ahora ahora, dale. ¿Cuándo elegiste el olor a bizcochuelo de vainilla? Dale mientras yo dibujo y después te lo regalo -, insistió Julieta.
-Bueno, bueno...La historia empieza así:
Cómo elegí el perfume a BIZCOCHUELO DE VAINILLA.
“Una tarde, cuando vivíamos en la casa anaranjada de la otra cuadra, mi mamá se puso a preparar una torta porque era mi cumpleaños. Batió primero las yemas con el azúcar y cuando todo era una crema pegajosa, empezó a ponerle harina. Yo volaba alrededor impaciente, quería meter un dedo o toda la mano y comer masa cruda.
-¡Salí, Alfenique! ¿No podés esperar?-, me repetía mi mamá frunciendo la cara.
Yo no paraba de molestarla: sentado sobre la mesa cantaba fuerte fuerte, le hacía viento con las manos, le sacaba la lengua, y ella a los gritos:
-No sigas, estoy perdiendo la paciencia, andá a leer o a jugar. Como yo insistía, mi mamá me sopló con bastante fuerza para que me corriera y fui a parar al comedor. Eso no me gustó para nada aunque esta vez, sí, esta vez tenía razón. No dije ni a ni b ni nada y enseguidita aproveché el viento violento que entraba por la ventana, me agarré de la cortina y fui y vine, vine y fui .
Justo pero justo cuando se me ocurrió abandonar ese juego y entretenerme soplando el polvo de los muebles, escuché a mi hermana que lloraba y espié en la cocina. Cuando mi mamá salió secándose las manos en el delantal, volé muy despacio hasta la cacerola donde estaba la torta cruda y me apoyé en el borde para meter los dedos. Parece que soy pesado porque la olla no aguantó y ¡chau!, nos dimos vuelta los dos: la olla con la masa empalagosa y yo. ¡Se armó un revoltijo muy pero muy desprolijo!
Quedé en el suelo embadurnado de amarillo porque lleva mushímos huevos. Mmmm, tan rica, para chuparse los dedos y las manos. Empecé a comer despacito para saborearla bien y cuando tenía la boca bien llena vi que desde la cabeza se me chorreaba la vainilla. ¡Sí, el frasquito también había caído con la torta y conmigo! Era un desastre riquísimo, perfumado, mmm, mmm.
Mi mamá regresó asustada por el cacerolazo sobre la cerámica, y cuando me vio, se rió con una carcajada tan fuerte que mi hermana volvió a llorar. ¡Menos mal, menos mal, me salvé de la penitencia!, pensé pero...pero...
Volvió mi mamá todavía riéndose y dijo:
-¡Qué lindo aroma, Alfenique, pero rápido a bañarse y dejá de comerte la crema cruda, qué costumbre!
Y, sí era como una penitencia, tenía que bañarme y además perder con el agua esa golosina pastosa y suave como una caricia adentro de la boca. Y el olorcito a vainilla también iba a desaparecer con el agua. Ufa, no quería no, no.
Entonces me vino una idea rápida como el soplido de una mamá que bufa: ¿Y si me lo quedo? Sí, me gusta es riquísimo. Sí, elijo el olor a bizcochuelo de vainilla.
Esa noche se lo dije a mi familia. No sabés qué fiesta se armó. Aplaudieron, me abrazaron, cantamos y nos comimos toda la torta que había traído mi tía Contenta olor a polenta”-, terminó Alfenique, orgulloso de su historia.
Julieta, después de felicitarlo, le dio un beso muy cariñoso, levantó la hoja y le dijo:
-¡Mirá, dibujé todo, es para vos, te quiero mucho Alfenique!
Todas las noches su mamá lee nuevamente todos los cuentos que él pide con entusiasmo.
Aquí va otra de las historias:
Alfenique y su amiga Julieta conversan en el jardín.
-Hola, Alfenique -, saludó Julieta mientras cargaba la carpeta de dibujo y la mochila que le había regalado su tía.
-Hola Julieta, ¿viste qué lindo está el árbol de tilo? Se llenó de hojas otra vez-, dijo Alfenique sentado a caballito sobre la rama baja del cedro.
-Sí, en el invierno tenía palitos secos y ahora rebalsa de hojas muy pero muy verdes -, agregó Julieta desparramando los crayones sobre la mesa del jardín.
-¿Por qué será?
-Alfenique, al sol le volvió la o que se había ido en otoño y entonces le vinieron las fuerzas como a un ogro pero bueno y por eso los colores se hacen más más... despiertos, sí, colores más despiertos, hojas nuevas, me crece el pelo, dijo mi mamá...-, se esforzó Julieta.
-Y flores, Juli, ¿viste? y el aire cambió el olor y ya no te sale humo de la nariz a la mañana-, dijo el fantasma atento a la conversación.
-Y después van a venir las vacaciones, ¿sabés que me voy a Córdoba con mi abuela Telma?
-Qué lindo te voy a extrañar, ¿es lejos Córdoba?-, preguntó afligido el fantasma y voló a sentarse bien cerca de su amiga.
-Sí, muy muy muymuymuy lejos. ¿Querés que te escriba una carta con todo lo de allá? ¿Cómo se mandan las cartas los fantasmas?
-Es facilísimo se la das al cartero fantasma, ellos siempre pasan a la tardecita por la plaza-, explicó Alfenique orgulloso.
-¿Y si hay más de una plaza, a cuál voy?-, dudó Julieta arrugando la frente.
-A cualquiera porque los fantasmas carteros son caminadores, pasan por todas-, se hamacó Alfenique en la rama.
-¡Cómo sabés!, ¿quién te enseñó todo eso?-, se asombró ella.
-Mi mamá cuando le mostré la carta que vos me regalaste el otro día-y Alfenique se bajó del cedro y acarició la hoja blanca que Julieta había preparado para dibujar.
-Mmm, la dejaste perfumada, bizcochuelo de vainilla, mmm tenés más olorcito que otras veces ¿no te bañaste? -, se divirtió Julieta tratando de que su amigo se enojara un poco.
-Sí, nena, esta mañana me mojé todo con la lluvia, estoy limpito, limpísimo, nena-, le contestó Alfenique oliéndose las manos, preocupado.
-Tanta charla y nunca me decís lo del perfume a bizcochuelo de vainilla dale, contame ahora así dibujo-, insistió Julieta compradora.
-Ufa, ¿ahora?-, se quejó Alfenique refregándose los ojos.
-Sí ahora, ¿qué, tenés sueño? Dale ahora ahora, dale. ¿Cuándo elegiste el olor a bizcochuelo de vainilla? Dale mientras yo dibujo y después te lo regalo -, insistió Julieta.
-Bueno, bueno...La historia empieza así:
Cómo elegí el perfume a BIZCOCHUELO DE VAINILLA.
“Una tarde, cuando vivíamos en la casa anaranjada de la otra cuadra, mi mamá se puso a preparar una torta porque era mi cumpleaños. Batió primero las yemas con el azúcar y cuando todo era una crema pegajosa, empezó a ponerle harina. Yo volaba alrededor impaciente, quería meter un dedo o toda la mano y comer masa cruda.
-¡Salí, Alfenique! ¿No podés esperar?-, me repetía mi mamá frunciendo la cara.
Yo no paraba de molestarla: sentado sobre la mesa cantaba fuerte fuerte, le hacía viento con las manos, le sacaba la lengua, y ella a los gritos:
-No sigas, estoy perdiendo la paciencia, andá a leer o a jugar. Como yo insistía, mi mamá me sopló con bastante fuerza para que me corriera y fui a parar al comedor. Eso no me gustó para nada aunque esta vez, sí, esta vez tenía razón. No dije ni a ni b ni nada y enseguidita aproveché el viento violento que entraba por la ventana, me agarré de la cortina y fui y vine, vine y fui .
Justo pero justo cuando se me ocurrió abandonar ese juego y entretenerme soplando el polvo de los muebles, escuché a mi hermana que lloraba y espié en la cocina. Cuando mi mamá salió secándose las manos en el delantal, volé muy despacio hasta la cacerola donde estaba la torta cruda y me apoyé en el borde para meter los dedos. Parece que soy pesado porque la olla no aguantó y ¡chau!, nos dimos vuelta los dos: la olla con la masa empalagosa y yo. ¡Se armó un revoltijo muy pero muy desprolijo!
Quedé en el suelo embadurnado de amarillo porque lleva mushímos huevos. Mmmm, tan rica, para chuparse los dedos y las manos. Empecé a comer despacito para saborearla bien y cuando tenía la boca bien llena vi que desde la cabeza se me chorreaba la vainilla. ¡Sí, el frasquito también había caído con la torta y conmigo! Era un desastre riquísimo, perfumado, mmm, mmm.
Mi mamá regresó asustada por el cacerolazo sobre la cerámica, y cuando me vio, se rió con una carcajada tan fuerte que mi hermana volvió a llorar. ¡Menos mal, menos mal, me salvé de la penitencia!, pensé pero...pero...
Volvió mi mamá todavía riéndose y dijo:
-¡Qué lindo aroma, Alfenique, pero rápido a bañarse y dejá de comerte la crema cruda, qué costumbre!
Y, sí era como una penitencia, tenía que bañarme y además perder con el agua esa golosina pastosa y suave como una caricia adentro de la boca. Y el olorcito a vainilla también iba a desaparecer con el agua. Ufa, no quería no, no.
Entonces me vino una idea rápida como el soplido de una mamá que bufa: ¿Y si me lo quedo? Sí, me gusta es riquísimo. Sí, elijo el olor a bizcochuelo de vainilla.
Esa noche se lo dije a mi familia. No sabés qué fiesta se armó. Aplaudieron, me abrazaron, cantamos y nos comimos toda la torta que había traído mi tía Contenta olor a polenta”-, terminó Alfenique, orgulloso de su historia.
Julieta, después de felicitarlo, le dio un beso muy cariñoso, levantó la hoja y le dijo:
-¡Mirá, dibujé todo, es para vos, te quiero mucho Alfenique!
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