Estaba Mechuda muy confianzuda hurgando en mi biblioteca y ¡ZÁS!, descubrió la tijera que me olvidé sobre un estante:
Se acomodó en el suelo y con mucha habilidad¡SE CORTÓ LAS MECHAS QUE ERAN LARGAS COMO LOS TALLARINES DE MI ABUELA! y se dejó tan cortito que parece un cepillo de cerda muy dura.
-¡EN PENITENCIA, MECHUDA!-, le dije cuando la vi.
Con la cabezota agachada y un HERMOSO LIBRO DE HISTORIAS de otro estante se acurrucó debajo de mi cama y leyó hasta el amanecer.
HASTA LUEGO, CHICOS.
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