lunes, 19 de julio de 2010

FELICES VACACIONES CHICOS



Para disfrutar el tiempo libre con los cuentos de ALFENIQUE aquí va uno:

La calabaza, la papa y el gato


El martes a la tarde, Alfenique no tuvo clase porque la Señorita Margarita estaba enferma, entonces, bajó del pino y fue al patio de la casa de Julieta.
-¡Hola, hola!-, llamó varias veces. Como ella no le contestó pensó que habría salido.
-Qué raro, no ladró Gervasio -, se dijo Alfenique.
El fantasma, se recostó a tomar sol contra una maceta colorida y de paso miró a su alrededor:
Un gato grandote dormía hecho un ovillo sobre una manta a cuadros; una mosca volaba alrededor de la cola que, de vez en cuando se levantaba; desde la jaula, un pajarito chillaba tanto que Alfenique le preguntó:
-¿Qué decís?, yo no te entiendo-, y caminó hacia él para verlo de cerca.
Pero en el trayecto se detuvo porque descubrió que la bolsa de arpillera se movía. Esperó quieto y escuchó:
-Uaaa, uaaa, uaaa-, bostezaba una enorme calabaza mientras salía muy lentamente a causa de sus piernas cortas.
Con el ruido, se despertó el gato Mulato. Abrió un ojo, miró de reojo y se quejó:
-¿Por qué no seguís durmiendo, en vez de abrir tanto la bocota, calabazota?
-¡Zás!, ya empezaste a molestar, nada de lo que hago te gusta-, rezongó la calabaza y fue hacia las macetas. Se paró en puntas de pie y quiso ver si la tierra estaba húmeda.
Mulato que la observaba ahora más despierto, alzó el lomo oscuro y ronroneó:
-Esta mañana las regó el padre de Julieta ¿no lo viste?, calabaza distraída.
-No, señorito sabetelotodo-, contestó ella dándose vuelta un poco molesta.
Riéndose a carcajadas el gato corrigió:
-¡Ja, ja, se dice sabelotodo, calabaza dulce como la melaza!
-¡Basta, basta, no me pelees más!-, gritó tan fuerte ella que asustó al fantasma.
Esta vez Alfenique no corrió a esconderse pero perfumó el patio con aroma a bizcochuelo de vainilla.
-¡Qué rico olor! ¿Te bañaste en perfume?-, le preguntó la calabaza y empezó a bailar girando alrededor de él que se quedó como una estatua.
Dio tantas pero tantas vueltas la calabaza que se mareó y tropezó con el pie de Alfenique.
-¡Ay, ay ay me duele, me duele-, lloriqueaba sin dejar de mirar al fantasma. Y de pronto se dio cuenta que no lo había visto antes, entonces le preguntó asombradísima:
-¡Oia! ¿Vos sos un juguete nuevo con olor o un gato distinto?
-Soy un amigo de Julieta-, respondió Alfenique.
-¡Ah entonces sos de los nuestros!¡Muchísimo gusto, encantada-, y le extendió la mano.
Mulato no los dejó terminar de saludarse, aterrizó de un salto y empezó a pasar su lengua por la cara del fantasma.
-¡Basta-, ordenó la calabaza y empujó al gato.-¡Dejalo tranquilo! ¿te creés que es un helado?¡Qué falta de respeto!
En ese momento llegó la papa que venía de la bolsa y saludó:
-¡Hola a todos!
Mulato no contestó y se fue a tomar la leche malhumorado.
La calabaza, muy educada, hizo las presentaciones:
-Él, es un gato rezongón pero bueno-señaló con su dedo índice- ella, es la Señorita Papa y yo soy Calabaza, ¿vos cómo te llamás?
-Alfenique-, contestó el fantasma cada vez más sorprendido y contento.
-¿Alfeñico, querés jugar con nosotros? – preguntó la Calabaza.
-Alfenique-, repitió él un poco más fuerte.
-Eso, eso. Algunas palabras me dan trabajo-, se disculpó ella.
-¡Distraída, distraída!-, se burló el gato Mulato que alisaba la manta para dormir otra siesta.
-No le contestes-, aconsejó la Señorita Papa bastante mandona, y agregó:
-Agachate que te doy un beso, Alfenique.
El fantasma la saludó confiado. Hasta el momento ninguno de ellos había intentado espantarlo. ¡Eran muy divertidos!
-¿Vamos a la terraza?-, propuso la Señorita Papa.
-¡Vamos!-, exclamaron al mismo tiempo Alfenique y Calabaza.
-¿Alfenique, chiquito como un meñique, no querés quedarte conmigo?-, gruñó Mulato moviendo la cola para espantar a la mosca.
-¡Qué malos modales!, ¡No molestes más, qué barbaridad!-, gritaron al unísono la Señorita Papa y Calabaza mientras se iban con el fantasma a la terraza.
Cuando estaban apenas por el tercer escalón la señorita Papa se quejó:
-¡Qué trabajo me da ésto, uy,uy!
-¿Por qué vos subís con saltitos, Alfenique?-, preguntó Calabaza secándose las gotas de su frente porque también a ella le costaba mucho esfuerzo.
-Y será porque soy fantasma, no sé-, dudó él.
-¡Ah! ¡mirá qué bueno es ser fantasma para subir esta escalera tan empina a a a a Ayyyyyyy-, ¡y se vino rodando la pobre Calabaza!
-¡Uy, nena, nena, cuidaaaaado!-, gritó la papa que por tratar de sostener a la calabaza también empezó a caer golpeándose por todos lados.
Alfenique no sabía cómo ayudar. ¡Quiso pararlas y no pudo!.
Entonces ¡menos mal!, Mulato pegó un salto y se paró al pie de la escalera.
-¡Ah, ah qué barbaridad!-, gritaban las dos que por suerte no se lastimaron más porque el cuerpo carnoso del gato las detuvo.
Tanto la calabaza como la papa quedaron patas para arriba en el suelo.
-¡Me resbalé, ay ay, qué dolor!-, gritó la Señorita Papa tratando de enderezarse despacio.
-¡No, te tropezaste!-, corrigió Calabaza una vez que se pudo sentar.
-¡No, me resbalé, te dije!-, insistió la señorita Papa.
-¡Baaaaasta de discutir, atropelladas! ¡Hay que tener más cuidado! -, se impuso Mulato zarandeando la cola.
-¡Ay sí, suerte que nos salvaste, gatito, ay si no hubiera sido por vos!-, lloriqueó Calabaza, miró a la Señorita Papa y ordenó muy mandona:
-Dale las gracias.
-¡Dáselas vos!- gritó la otra enojada.
Mulato movió el bigote, las miró serio y se fue a su manta rezongando.
Alfenique, repuesto del susto, se empezó a reír de la nueva pelea y le dieron ganas de contarle todo a su hermana.
Se despidieron con besos y abrazos menos el gato que, por supuesto, ya había empezado a roncar.

martes, 22 de junio de 2010

DANTE VOLVIÓ CON ALFENIQUE

MI QUERIDO SOBRINO DANTE que ahora tiene seis años ha descubierto, nuevamente, las historias de ALFENIQUE, con un brillo distinto.

Todas las noches su mamá lee nuevamente todos los cuentos que él pide con entusiasmo.

Aquí va otra de las historias:

Alfenique y su amiga Julieta conversan en el jardín.

-Hola, Alfenique -, saludó Julieta mientras cargaba la carpeta de dibujo y la mochila que le había regalado su tía.
-Hola Julieta, ¿viste qué lindo está el árbol de tilo? Se llenó de hojas otra vez-, dijo Alfenique sentado a caballito sobre la rama baja del cedro.
-Sí, en el invierno tenía palitos secos y ahora rebalsa de hojas muy pero muy verdes -, agregó Julieta desparramando los crayones sobre la mesa del jardín.
-¿Por qué será?
-Alfenique, al sol le volvió la o que se había ido en otoño y entonces le vinieron las fuerzas como a un ogro pero bueno y por eso los colores se hacen más más... despiertos, sí, colores más despiertos, hojas nuevas, me crece el pelo, dijo mi mamá...-, se esforzó Julieta.
-Y flores, Juli, ¿viste? y el aire cambió el olor y ya no te sale humo de la nariz a la mañana-, dijo el fantasma atento a la conversación.
-Y después van a venir las vacaciones, ¿sabés que me voy a Córdoba con mi abuela Telma?
-Qué lindo te voy a extrañar, ¿es lejos Córdoba?-, preguntó afligido el fantasma y voló a sentarse bien cerca de su amiga.
-Sí, muy muy muymuymuy lejos. ¿Querés que te escriba una carta con todo lo de allá? ¿Cómo se mandan las cartas los fantasmas?
-Es facilísimo se la das al cartero fantasma, ellos siempre pasan a la tardecita por la plaza-, explicó Alfenique orgulloso.
-¿Y si hay más de una plaza, a cuál voy?-, dudó Julieta arrugando la frente.
-A cualquiera porque los fantasmas carteros son caminadores, pasan por todas-, se hamacó Alfenique en la rama.
-¡Cómo sabés!, ¿quién te enseñó todo eso?-, se asombró ella.
-Mi mamá cuando le mostré la carta que vos me regalaste el otro día-y Alfenique se bajó del cedro y acarició la hoja blanca que Julieta había preparado para dibujar.
-Mmm, la dejaste perfumada, bizcochuelo de vainilla, mmm tenés más olorcito que otras veces ¿no te bañaste? -, se divirtió Julieta tratando de que su amigo se enojara un poco.
-Sí, nena, esta mañana me mojé todo con la lluvia, estoy limpito, limpísimo, nena-, le contestó Alfenique oliéndose las manos, preocupado.
-Tanta charla y nunca me decís lo del perfume a bizcochuelo de vainilla dale, contame ahora así dibujo-, insistió Julieta compradora.
-Ufa, ¿ahora?-, se quejó Alfenique refregándose los ojos.
-Sí ahora, ¿qué, tenés sueño? Dale ahora ahora, dale. ¿Cuándo elegiste el olor a bizcochuelo de vainilla? Dale mientras yo dibujo y después te lo regalo -, insistió Julieta.
-Bueno, bueno...La historia empieza así:










Cómo elegí el perfume a BIZCOCHUELO DE VAINILLA.

“Una tarde, cuando vivíamos en la casa anaranjada de la otra cuadra, mi mamá se puso a preparar una torta porque era mi cumpleaños. Batió primero las yemas con el azúcar y cuando todo era una crema pegajosa, empezó a ponerle harina. Yo volaba alrededor impaciente, quería meter un dedo o toda la mano y comer masa cruda.
-¡Salí, Alfenique! ¿No podés esperar?-, me repetía mi mamá frunciendo la cara.
Yo no paraba de molestarla: sentado sobre la mesa cantaba fuerte fuerte, le hacía viento con las manos, le sacaba la lengua, y ella a los gritos:
-No sigas, estoy perdiendo la paciencia, andá a leer o a jugar. Como yo insistía, mi mamá me sopló con bastante fuerza para que me corriera y fui a parar al comedor. Eso no me gustó para nada aunque esta vez, sí, esta vez tenía razón. No dije ni a ni b ni nada y enseguidita aproveché el viento violento que entraba por la ventana, me agarré de la cortina y fui y vine, vine y fui .
Justo pero justo cuando se me ocurrió abandonar ese juego y entretenerme soplando el polvo de los muebles, escuché a mi hermana que lloraba y espié en la cocina. Cuando mi mamá salió secándose las manos en el delantal, volé muy despacio hasta la cacerola donde estaba la torta cruda y me apoyé en el borde para meter los dedos. Parece que soy pesado porque la olla no aguantó y ¡chau!, nos dimos vuelta los dos: la olla con la masa empalagosa y yo. ¡Se armó un revoltijo muy pero muy desprolijo!
Quedé en el suelo embadurnado de amarillo porque lleva mushímos huevos. Mmmm, tan rica, para chuparse los dedos y las manos. Empecé a comer despacito para saborearla bien y cuando tenía la boca bien llena vi que desde la cabeza se me chorreaba la vainilla. ¡Sí, el frasquito también había caído con la torta y conmigo! Era un desastre riquísimo, perfumado, mmm, mmm.
Mi mamá regresó asustada por el cacerolazo sobre la cerámica, y cuando me vio, se rió con una carcajada tan fuerte que mi hermana volvió a llorar. ¡Menos mal, menos mal, me salvé de la penitencia!, pensé pero...pero...
Volvió mi mamá todavía riéndose y dijo:
-¡Qué lindo aroma, Alfenique, pero rápido a bañarse y dejá de comerte la crema cruda, qué costumbre!
Y, sí era como una penitencia, tenía que bañarme y además perder con el agua esa golosina pastosa y suave como una caricia adentro de la boca. Y el olorcito a vainilla también iba a desaparecer con el agua. Ufa, no quería no, no.
Entonces me vino una idea rápida como el soplido de una mamá que bufa: ¿Y si me lo quedo? Sí, me gusta es riquísimo. Sí, elijo el olor a bizcochuelo de vainilla.

Esa noche se lo dije a mi familia. No sabés qué fiesta se armó. Aplaudieron, me abrazaron, cantamos y nos comimos toda la torta que había traído mi tía Contenta olor a polenta”-, terminó Alfenique, orgulloso de su historia.
Julieta, después de felicitarlo, le dio un beso muy cariñoso, levantó la hoja y le dijo:
-¡Mirá, dibujé todo, es para vos, te quiero mucho Alfenique!

domingo, 20 de diciembre de 2009

MI SOBRINO DANTE pasó a primer grado



Para el día de su EGRESO DE JARDÍN DE INFANTES le escribí unas palabras que muy pronto podrá leer:

PARA EL 16 DE DICIEMBRE DE 2009


Dante instaló en mí el sentimiento de ser TÍA. Ese título que me enorgullece y me permite danzar en la alegría de responsabilizarme con felicidad lo trajo en sus manitos de un 11 de febrero, desde entonces y gracias a ese regalo de amor puedo ser TÍA también con otros sobrinos que estaban de antes.
Dante siembra PAZ y TERNURA, quiere la unión de la familia, que todos estemos bien, que cada uno tenga un regalo, y lo que todavía no sabe es que el mejor obsequio que nos brinda es “él, siendo quien es”.

MI SOBRINO DEL ALMA comparte mis galletas de arroz que a nadie le gustan, nosotros las untamos con queso descremado y las disfrutamos rodeados de facturitas con dulce de leche, pan dulce y galletitas normales; ama el orden y la lectura que todavía no conoce como actividad propia. Se sienta solito en el jardín de su casa y mira el diccionario que le regalamos con el gusto y la atención de quien ya puede leerlo.

Hoy 16 de Diciembre de 2009 termina el Jardín de Infantes preparado para recibir al ratón Pérez ni bien se le caiga el diente que se mueve, hoy quiero decirle que los colores de su vida nos alientan para vivir de la mejor manera, para buscar la PAZ en cada lugar, hoy quiero decirle que vamos por una senda compartida y siempre será así, también cuando crezca y elija su rumbo.
Aquí estoy, Dante, para que cuentes conmigo cuando lo desees.

¡FELIZ COMIENZO DE LOS DÍAS CON DELANTAL BLANCO Y PALABRAS RECIÉN DESCUBIERTAS!

CON AMOR
LA TÍA NORA



lunes, 9 de noviembre de 2009

EN LA SALA VIOLETA CON LOS GATITOS



El tres de noviembre fui a contar cuentos a una hermosa escuela de la Capital Federal donde mi querido sobrino Dante cursa el último año de Jardín.

En la sala VIOLETA, los diecisiete futuros egresados junto a la dulce Señorita Cintia me regalaron la oportunidad de compartir con ellos mis relatos. Alfenique, Mechuda y Marisel (dos de mis brujas preferidas), los chicos y yo paseamos por los espacios de la imaginación y la alegría.
La señorita Cecilia –la directora del Jardín- también nos acompañó en el viaje de palabras.
Me obsequiaron un hermoso libro con dibujos de los chicos que Cintia encuadernó primorosamente y otros dos regalos que se han instalado para siempre en el corazón:
LAS SONRISAS Y LOS GESTOS DE AMOR
Gracias a todos: a Cecilia, a Cintia, a “LOS GATITOS DE LA SALA VIOLETA”, y al grupo de porteros de la escuela.
Hasta muy pronto

NORA, la tía de Dante (uno de los Gatitos).

miércoles, 28 de octubre de 2009

TUVE VISITAS Y FUI MUY FELIZ




HOLA CHICOS:

El domingo vino Julieta con la tía a visitarme y para festejar el encuentro hicimos una torta-budín y la comimos con mate. Pasamos una tarde preciosa.

Les paso la receta, porque las recetas y las cosas dulces me gusta compartirlas, acá va:

INGREDIENTES para el “Sabroso budincito dulce”

Una tacita (tamaño de café) con aceite de maíz.

2 Huevos.

2 Tazas (tamaño de té) de harina integral.

1 Taza (tamaño de té) de harina común con leudante.

2 Cucharaditas de polvo para hornear.

1 Cucharadita de bicarbonato (si no quieren no lo pongan).

1 Pizca de sal.
1 Pizca de clavo de olor molido.
1 Cucharadita de canela.
2 Tazas (tamaño de té) de azúcar negra.
Esencia de vainilla, un chorrito.

Soda y jugo de limón para unir.

Separo las yemas de las claras que quedan esperando.

Bato bien las yemas con el azúcar, le agrego la sal, el clavo de olor, la canela, la esencia de vainilla y el aceite. Revuelvo hasta que se convierta en una cremita que den ganas de comérsela cruda (no lo hagan sino chau budincito).
Agrego, de a poco, la harina tamizada con el polvo para hornear y el bicarbonato, y un poco de soda con jugo de limón. Así hasta terminar la harina y tratando de que no quede una masa muy seca.
Al final le pongo en forma envolvente las claras batidas a nieve.

Esta preparación va en un molde de budín inglés o de budinera o el que ustedes elijan, previamente aceitado y enharinado para que la preparación no se pegue.
Lo pongo en horno caliente diez minutos y después lo bajo a una temperatura mediana.
En total lleva alrededor de 30 minutos de cocción. Recién a los veinte lo puedo mirar, ¡antes no, me dijo Julieta, para que la preparación no se achate!

¡MMMM!, riquísimo el aroma que queda en toda la casa.
Cuando lo saco del horno espero unos minutos y lo desmoldo. Si les gusta lo pueden espolvorear con azúcar impalpable con chocolate en polvo.

¡Ojalá les guste!

miércoles, 21 de octubre de 2009

martes, 20 de octubre de 2009

PARA LOS CHICOS DEL JARDÍN

Ayer estuve con Tatiana, otra amiga que tengo cuando voy a la pileta y me dijo que leyó una de mis historias en la sala de cinco de un Jardín de Infantes, parece que gustó mucho y despertó las aventuras fantasmales de los chicos.


Ahora comparto con ustedes cositas que escribe Nora, son entretenidas, sabrosas.

Si tienen entre dos y cuatro años les van a encantar, los más grandes pueden bajarlas a la computadora y leerlas solos.

Cariños y hasta muy pronto:

ALFENIQUE


Julieta vive en una casa lejos de la Capital Federal. Su familia se mudó no hace mucho. A ella le gusta el nuevo lugar que es diferente y grande, no se parece en nada al departamento chiquito de Almagro. Acá tiene espacio sin ruidos, no hay humo con mal aliento y, además, la dejan tener una gata. Se llama Perita. ¿Saben por qué le puso ese nombre? Porque Perita, la rubia de la casa, come fruta cortada en pedacitos.
En el terreno de la casa de Julieta crecen árboles frutales. Ella prefiere al limonero que está cerca de la enorme ventana de su habitación donde le encanta apoyarse y mirar para afuera. Allí descubre los dibujos que el sol y la sombra marcan en la tierra cuando atraviesan las ramas de las plantas. Observa el cielo, a veces tan azul y fresco, que parece recién hecho por una mano invisible. También disfruta la lluvia cayendo silenciosa y persistente.
La ventana de Julieta, sin ninguna duda, es el lugar que elige para imaginarse todo lo que después dibuja y pinta.
¿Qué sueña Julieta acodada en el marco de la ventana?
Sigamos a las palabras para saber cuáles son las fantasías de Julieta.
SOPA DE LIMÓN
El duende Miguel llegó al pie del limonero a las tres cuando salen los duendes en el campo. El cielo celeste fuerte, los árboles verdes de verano, el pasto brilloso y la tierra se duermen mientras ellos juegan.
El duende Miguel encontró a sus amigos Pepe y Tomás debajo del limonero revolviendo algo en la olla con cucharas de madera. La olla hervía sobre el brasero encendido. De adentro salía olorcito a crema perfumada que iba directamente a las tres narices de los tres duendes Tomás, Pepe y Miguel.
-¿Qué están haciendo?-, le preguntó Miguel a sus amigos.
-Una sopa inventada con los limones de esta planta-, le contestó Tomás sin dejar de mezclar con la cuchara de madera.
-¿Sopa en verano?, no me gusta la sopa en verano aunque huele ¡exquisita, la quisiera ver! -, casi gritó Miguel ansioso.
Y entonces cuando el duende Miguel se acercó muy cerca la riquísima crema amarilla lo llamó con voz muy suave:
-¡Vení, duende de la siesta, comete el menjunje que es una rica mezcla!
-¡Mmmmm, mmmmm!, ¡Crema de limón, un invento más dulce que el melón!-, murmuraba Miguel que, muy glotón, quería subirse a la olla para tocar y comer.
Se arrimó tanto pero tanto Miguel que empujó a Pepe que tumbó a Tomás que volcó la olla que derramó la sopa que apagó el fuego. ¿Y la sopa de limón adónde quedó? ¡Desparramada en la tierra!
Los tres duendes se miraron estupefactos. Pepe y Tomás, furiosos, se arremangaron las remeras y empezaron a caminar hacia Miguel que, asustado, despedía jalea de membrillo por los ojos. La carrera empezó enseguida. Miguel corrió y corrió por el terreno. Al principio Tomás y Pepe estuvieron a punto de alcanzarlo, entonces Miguel le puso tanta fuerza a sus piernas que los dejó bien atrás. Al rato Miguel no los escuchó más y decidió darse vuelta. Pepe y Tomás habían desaparecido.
-¿Adónde están?-, preguntó con voz fuerte Miguel.
-Escondidos-, contestaron Pepe y Tomás.
-¿Ya no me quieren agarrar por lo que hice?-, insistió Miguel.
- Si nos encontrás, te dejamos chupar la sopa de limón que quedó en la olla-, le contestaron los dos duendes acurrucados cada uno detrás de un duraznero.
Y comenzó el juego que los hizo olvidarse del zafarrancho y del enojo.
Se oyó el canto de un benteveo y la voz de Miguel:
-Claro que los voy a descubrir y muy pronto.
Fue por acá pisando despacio para no hacer mucho ruido y los escondidos se cambiaron más allá; fue por aquí y los escondidos se metieron por allí. Así sucedió un vez y otra vez. ¡No hubo forma de hacerles piedra libre!
Al atardecer, hora en que a los duendes les da hambre y sueño, Tomás y Pepe, cansados de engañar a Miguel, gritaron:
-¡Piedra libre para todos los compañeros! Te ganamos, Miguel, pasaste mil veces cerca y no nos viste.
-¿Están seguros de que no hicieron trampa, pasé mil veces por cada árbol y no los vi?-, preguntó Miguel muy seguro de lo que decía.
Pepe y Tomás se miraron culpables porque sí habían hecho trampa, y rapidito se taparon las orejas para no escuchar los reproches de Miguel.
Por primera vez ninguno se echó la culpa de nada ni largó cosas feas de la boca, total, eran amigos desde que nacieron de la misma flor de limón, casi hermanos, y para qué gastar palabras y tiempo en pelearse, al final uno se puede equivocar y más si tiene hambre.
-¡A comer, a comer, a pasarle la lengua a la olla!-, dijo Miguel.
Se fueron los tres saltando tomados de la cintura al compás de:
A la ese ese a, a la jota jota ka, hago sopas y galletas, y ensalada de radicheta.
Le pasaron la lengua y los dedos a la olla hasta que brilló limpísima, y luego de un rato panza arriba para hacer la digestión se apuraron a regar con el balde azul. El sol se caía lejos, señal indiscutible de que la noche llamaba a la puerta. Los tres duendes acomodaron las cosas detrás de los limoneros, barrieron la tierra y todo quedó listo para el día siguiente.
Cuando Pepe comenzó la canción para irse a dormir, los tres subieron al limonero que está junto a la ventana de Julieta.
Pepe cantó así:
“Debajo del limonero, cocinero,
hago sopa de Limón,
si veo un duraznero, cocinero,
sopa de melocotón,
si camino hasta el ciruelo
para que crezcan mis muelas
cocino galletas de ciruelas,
¿y si aparece un nogal esta vez?
hago la torta de nuez”.
Arriba, los tres duendes se acomodaron para descansar hasta la tarde siguiente.
Y el campo quedó silencioso, con el sol bostezando entre nubes de tormenta en el borde lejano que es el horizonte.




Ahora continúa otro sueño de Julieta que se llama:


LAS DOS GOTAS Y EL ARCO IRIS


Después del fuerte aguacero, la gota Perica, con mucho esfuerzo, se escapó del balde azul.
Para saltar el charco, la escoba que barría sola le dio un empujón.
La gota Perica aterrizó debajo del limonero muerta de risa.
Desde arriba otra gota la llamó entusiasmada.:
-Subí, Perica, rápido que salió el arco iris. Es un mundo de colores, apurate, no te lo pierdas.
-No puedo-, contestó Perica haciendo fuerza por el tronco de la planta de limón con sus patas cortas.
¡Plaf, al suelo una vez, dos veces,...!
Subo un paso, me caigo; subo uno más grande,

me caigo otra vez.

-¡Y me distraigo con el perfume a limón y no me dan las fuerzas!, es muy alto.
Perica se acostó resignada y saludó triste a la gota que no paraba de animarla. Perica se rascaba la cabeza y la nariz buscando la solución.
El sol, muy orondo en el punto más alto del cielo, movía sus brazos relucientes. Miró hacia abajo y la vio a Perica tan preocupada que le preguntó:
-¿Qué te pasa, Perica?
-No sé llegar a la punta del limonero para ver el arco iris.
El sol pensó un poco y se le ocurrió una idea genial:
-¿Perica, qué es lo que más te gusta?
-La mandarina-, le contestó ella frotándose los ojos a punto de llorar.
-Cantale una canción a la mandarina a lo mejor..., a lo mejor...
-Nunca hice una canción, nunca ..., no sé-, rezongó Perica.
-Haceme caso, Perica-, insistió el Sol.
La gota Perica se mordió un dedo para ver si le venían las notas musicales y las palabras. Se rascó la oreja y nada, nada. Fue cuando se acordó de cómo es una mandarina y pensó en su sabor, en el anaranjado-mandarina de la cáscara que larga juguito y ¡ahí se hizo la magia! Primero cantó la música sin palabras, así, miren:
La la la la
La la la la la la
Y después le puso letra:
“Mandarina
sos la golosina
que me trae el viento
en su dulce canasta
de invierno.
Anaranjada y bailarina
con jugo de tiempo,
de siestas y cuentos”

Y entonces, mientras la gota Perica por primera vez cantaba:
¿Adivinen qué sucedió?

El calor del sol la hizo transpirar y muy liviana subió por el aire como en una danza donde no se toca el suelo.
Miró para abajo maravillada y como le gustó eso de inventar letras y música, cantó otra:
¡Chupaleta la mandarina,
subo flotando,
y volando, ando!
¡Chupaleta la mandarina
te veo arriba a a a a a a a!
Perica subió subió subió hasta donde la esperaba la otra gota que no dejó de aplaudir ni un minuto. Se dieron un abrazo mojado y juntas viajaron más y más:
¿dónde?
Hasta
Hasta el arco iris que las recibió con golosinas y... y... ¡una canasta enorme con mandarinas!




Hay otro sueño en esta caja de cuentos y se llama:

EL VIAJE DE LOS DOS

Ni bien las dos gotas de agua se perdieron en su viaje hacia el arco iris, Julieta se puso a dibujar hasta la hora en que su mamá la llamó para la cena.
Después de ayudar con los platos, Julieta salió al patio a saludar a su gata Perita que se paseaba intrigada frunciendo la nariz. A Julieta le pareció que el aire olía distinto pero tenía más sueño que ganas de ponerse a preguntar entonces saludó a todos y fue a su pieza.
Mientras Julieta se ponía el pijama, escuchó silbar al viento entre las ramas del limonero. Se acercó a la ventana y miró. No estaba muy oscuro porque la luna llena era una linterna gigante.
Julieta olió el aire y le picó la nariz.
-¡Qué rico aroma, es torta de vainilla!-, gritó Julieta. Corrió la cortina para ver de dónde venía y entonces:
¡Zás!, se metió un fantasma en su habitación. ¡Un fantasma con olor a bizcochuelo que inmediatamente perfumó el lugar. ¡Por eso Perita había fruncido el hocico! Su gata se daba cuenta de muchas cosas antes de que sucedieran.
El pobre fantasma se apoyó contra la pared y la miró horrorizado. Tenía la cara redonda de manzana y un montón de rulos rojos le caían en la frente.
Julieta empezó a aplaudir y a reírse a carcajadas. Era la primera vez que veía un fantasma. ¡Y con el pelo rojo y la lengua celeste que se le salía de la boca por el tembleque!
-Pobrecito, ¿por qué te asustás?-, le preguntó ella un poco burlona.
-Por vos, escuché cuentos de nenes y nenas pero nunca los había tenido tan cerca-, contestó el fantasma cada vez más nervioso.
-Siempre fue al revés, somos nosotros los que nos asustamos con las historias de ustedes-, dijo Julieta y empezó a bailar en una pata hasta que los dos se descostillaron de risa.
-Yo soy Julieta, ¿vos cómo te llamás?-, le preguntó ella.
-Soy Alfenique, ¿tenés algo de comer?, los sustos me dan hambre.
Julieta le convidó galletitas de chocolate. Alfenique ya no tembló más y se sentó junto a ella masticando en silencio entretenido con los dibujos colgados en la pared.
-¿Vos pintaste eso?
-Sí, me gusta hacer paisajes con duendes y otras cosas que sueño-, le explicó Julieta.
-A mí me gusta viajar, te invito-. Alfenique la tomó de la mano y salieron por la ventana volando suavecito.
La noche estaba prendida, era por la luna y las estrellas que bien veraniegas lucían remeras plateadas sin manga.
Julieta y Alfenique se fueron muy lejos para arriba. Miraron las casas, el campo y las plantas. Julieta le mostró a los tres duendes que dormían a pata suelta en la rama llena de limones y Alfenique le señaló el pino donde vive con su familia.
Tuvieron que parar a tomar agua en una nube y allí Alfenique le presentó a Marisel, la bruja de la miel, que les contó cuentos de chicos que se portan mal. La dejaron durmiendo y siguieron viaje hasta chocar con la bruja Mechuda que al principio tuvo ganas de comérselos pero se acordó que tenía un turrón en el bolsillo así que, en cuanto lo masticó todo, incluido el papel, partieron los tres montados en el peine gigante y mágico que va más allá de donde uno pueda imaginar. En un abrir y cerrar de ojos, cabalgando sobre el peine montado en un soplo ondulado llegaron a las estrellas. ¡Sí, aunque cueste creerlo!
Alfenique y Julieta no podían abrir la boca porque el asombro se las cerraba. ¡Las estrellas eran tan distintas de como las veían desde abajo! Algunas eran verdes luminosas, otras, violeta intenso, una casi negra.
-¿Por qué negra?-, preguntó Alfenique.
-Está apagadita, sin la luz del sol, muy viejita-, les explicó Mechuda con voz tierna.
-Fea-, agregó Julieta.
Ahí sí que se enojó Mechuda, le crecieron las mechas y gritó tan fuerte que les dio miedo:
-¡Porque esté apagada no es fea, porque esté vieja no es fea, nena, es que le pasó el tiempo y nada más! Acá todos la queremos y siempre venimos a visitarla. ¡Pensá antes de hablar, inconciente!
Alfenique tranquilizó a Mechuda convidándole un caramelo, ¡Menos mal! Vieran ustedes qué bruja furiosa cuando algo no le gusta.
Julieta puso cara de “¡Me mandé una macana!”, y desde ese momento se dedicó a disfrutar de todo lo que veía en silencio.
En la estrella verde brillante hicieron una parada. Tomaron agua, fueron al baño, se sacaron fotos en la cascada frente al cerro con la camarita de Mechuda y luego recogieron al sapo Fernando que volvía a nuestro planeta para trabajar en su profesión de Comebichitosquestandemás.
-¿Dónde quedó la Tierra?-, preguntó Alfenique cuando montaron de nuevo el peine mágico.
Mechuda la señaló y ¡Uau, qué hermosura lejana, casi redonda y bordeada de luz dorada!
-¡Qué suerte que vivimos ahí, es un precioso lugar, antes no me había dado cuenta!-, murmuró Julieta, bien bajito para que Mechuda no se enojara.
-¡Volvemos!-, alertó Mechuda decidida.
Y así hicieron: Alfenique, Julieta, Mechuda y el sapo Fernando montados en el peine gigante esperaron el soplo de las seis de la mañana y regresaron cantando.
El aterrizaje fue en el jardín de Julieta. Allí se despidieron con abrazos, agradecimientos y el saludo matinal:
¡Plato, platito, taza, tacita, ahora cada cual a su casa casita!
Alfenique enfiló hacia el pino y le prometió a Julieta invitarla para otro viaje. Mechuda desapareció velozmente montada en el peine gigante. Julieta entró por la ventana a su pieza y bostezó risueña. No quería acostarse en la cama, tenía ganas de seguir mirando las estrellas. Se apoyó en el marco igual que otras veces y se durmió. El sapo Fernando ya había comenzado su trabajo de comerbichitosquestandemás y tomaba los mates que le cebaba la lechuza del terreno de al lado.