domingo, 11 de octubre de 2009

Para que sepan cómo se conocieron Alfenique y Julieta

Un fantasma que no era valiente

Julieta me contó que cuando era chiquita, conoció a un fantasma que no era muy valiente.
Una noche de verano mientras se ponía el pijama -luego de acomodar a su muñeca en la cuna de mimbre- empezó a soplar un viento bastante fuerte que agitaba las ramas del pino.
Julieta se acercó a la ventana y miró para afuera. El aire, además de despeinarla, le trajo un exquisito olor a bizcochuelo de vainilla.¡Qué sorpresa tan linda! Apretó los ojos y se imaginó un postre apetitoso y enorme.
El pino se hamacaba, el aire era una caricia y el perfume a torta se sentía cada vez más fuerte.-¡ Qué rico!-,dijo en voz baja.
Después de un rato abrió los ojos y descubrió asombrada un fantasma que apoyado contra la pared la miraba horrorizado. Tenía la cara redonda y un montón de rulos rojos le caían a los costados. Su respiración era verdaderamente agitada.
Julieta empezó a aplaudir y a reírse a carcajadas. Era la primera vez que veía un fantasma y para colmo temblando de miedo.
-¿ Por qué estás tan asustado?-, le preguntó.
-Por vos-, contestó. - Siempre me leyeron cuentos de nenes y nenas pero nunca los había tenido tan cerca.
-¿Cómo me ves?-, dijo Julieta alisándose el pelo muy coqueta.
- ¡Linda, muy linda!, pero me das miedo.
-¿Yo te doy miedo?, si siempre fue al revés, somos nosotros los que nos asustamos con los cuentos de fantasmas. Él no contestó.
-Vení, sentate acá-, lo invitó Julieta mostrándole un banquito azul. -¿Cómo te llamás?.
-Alfenique ¿y vos?-,dijo el fantasma y se acomodó con un poco de torpeza porque todavía tenía miedo.
-Yo soy Julieta y vivo acá. ¿Vos tenés casa?
-Mi familia y yo vinimos con el viento Querencio para Navidad y nos quedamos en las ramas del pino-, contó el fantasma animado y luego se entusiasmó un poco más hablando de las anécdotas de su hermana.
Alfenique iba entrando en confianza.
Miró para todos lados lleno de curiosidad y preguntó:
-¿Tenés muchos amigos?
-¡Un montón! ¿Y vos?-, dijo la nena acomodándose en el suelo bien cerca del fantasma, así de paso lo miraba mejor.
-Yo también-, sonrió Alfenique orgulloso.
-¿Son todos fantasmas tus amigos?-,preguntó Julieta.
-Sí... sí, hasta ahora-, respondió él dejando ver sus manitos celestes al subir los hombros como diciendo ¡qué se le va a hacer!
-¡Tenés las manos celestes, nene!-,gritó Julieta asombradísima.
-Sí y también los pies-,agregó Alfenique con un poco de miedo.
-No importa, ¿querés que seamos amigos?-, propuso la nena al mismo tiempo que le extendía su mano.
-¡Sí, me gusta!-, afirmó suavemente el fantasma estirando su brazo pequeño.
Justo cuando se saludaban entusiasmados, sonó el reloj cu-cú y como siempre ladró Gervasio. De nuevo Alfenique se asustó y corrió a encerrarse en el armario.
Las carcajadas de Julieta despertaron a su mamá, entonces ella se rió más bajito y murmuró:
-Salí, no te asustes, vení sigamos conversando.
El fantasma empujó la puerta del mueble con suavidad y salió lentamente, perfumando la habitación con olor a bizcochuelo de vainilla.
-¿Todos los fantasmas tienen aroma?-, preguntó Julieta muy curiosa entrecerrando los ojos para oler mejor.
-¡No, Julieta, solamente los de mi familia!
-¿Y quién les da el perfume?-, quiso saber ella.
-¡Nosotros mismos elegimos el que más nos gusta!-, agregó orgulloso Alfenique y siguió- Mi hermana prefirió el de tarta de naranja, mi mamá, el de helado de frutilla y mi papá, chocolate derretido.
-¡Qué rico, qué rico!-, repitió Julieta y los dos se acariciaron la panza porque les dio hambre.
Ella revolvió el cajón de su mesa de luz y encontró las galletitas. Mientras comían Alfenique no dejaba de mirar los juguetes desparramados por el piso.
Ni bien terminó “las rueditas de chocolate” fue directamente a acariciar al perrito dálmata que estaba patas para arriba cerca de la cama de Julieta.
-¿Lo querés?-, le preguntó ella.
-Sí, ¿me lo prestás?
-Bueno, pero cuidalo porque lo quiero mucho-, le advirtió Julieta con ternura.
Alfenique lo levantó suavemente y regresó a su asiento sin soltar al perro. Ya no tenía miedo.
Julieta muy decidida le propuso empezar a jugar. Buscó entre sus cosas una guitarra de plástico rosa y le preguntó:
-¿Querés que te cuente qué cosas me gustan? Y sin esperar respuesta del fantasma que la miraba asombrado, empezó su canción preferida:

“Me gustan las noches con grandes estrellas,
el olor a menta,
la lluvia fuerte, los grillos, los sapos
y el viento
que murmura nombres
de dulces muy dulces.
Me gustan los duendes con muchas campanas,
los perros, los gatos,
el sol que derrite en verano,
las tardes sin siesta,
los libros de historias,
helados y fiestas”.
Los dos entonaron canciones hasta que la luz de la madrugada entró sin permiso.
Cansadísimos se acostaron entre los juguetes y el sueño vino rápido.
Alfenique durmió abrazado al perrito dálmata y Julieta soñó con una rica torta de vainilla

2 comentarios:

  1. Hola Nora, soy Lili desde Madrid...desde el trabajo...
    Que alegria volverte a leer, como me gustaria estar al lado tuyo
    No se porque pero me inspiras, te admiro
    Voy a tener que empezar a recopilar datos para que la siguientes biografia sea la mia...ja..ja
    Muchos exitos, quien mucho te quiere

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  2. LILI que escribe de Madrid a quien extraño tanto. Para vos, querida amiga, mis sueños, mi alegría,mis palabras mejores. Hasta cada instante.

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